«Lo mejor que puede pasarte cuando leés un libro es que aparezcan preguntas”

«Lo mejor que puede pasarte cuando leés un libro es que aparezcan preguntas”

Tenemos una curiosa obsesión por definirnos a partir de las profesiones que ejercemos. Sin embargo, en ocasiones, estas sentencias son acotadas o falaces. Una de las esquirlas que evidencian la mentira se da cuando alguien ejerce más de una profesión. ¿Cómo definirla en tales casos?

 Inés Garland, una de esas personas con muchas profesiones (escritora, traductora, tallerista), cuenta con una voz sencillamente emocional, serena y contundente, y que entiende también sobre la dificultad de definirnos.

Sin embargo posee una receta propia a la hora de traducir: “tengo algo muy intuitivo. Hay, como dice Lydia Davis, una temperatura en el texto y yo tengo que traerlo a nuestra lengua.” Es entonces cuando Garland apela a su oficio de escritora para explicarlo mejor: “el texto tiene que venir a mi lengua como si invitara a alguien a mi casa, como si quisiera que se sienta muy cómodo y tuviese que ver cómo hacer para que eso suceda. A las personas que trabajamos con la lengua muchas veces nos parece que traducir tiene que ver con ser exacto, y en realidad no. Hay como una lealtad, una cierta amistad, hay esta cosa de darle la bienvenida a un extraño a nuestra lengua y que se sienta bien ahí. La exactitud no es sinónimo de fidelidad. Sí la amistad y la lealtad. Una traducción es fiel porque es amorosamente fiel pero no porque es exacta.”

Garland suena sensible, profunda. Pero también puede ser contundente, Y con esa solidez sostiene su forma de traducir: “yo vi una traducción de Lorrie Moore que decía ‘hemorragia interna’ para referirse a que en las relaciones uno tendría que estar dispuesto, en las discusiones, a perder la guerra. Después de haberla traducido y conocer su sensibilidad dije ‘no, ella no puede decir hemorragia interna porque me manda a la medicina.’ En todo caso sería ‘desangrarse internamente’. En una discusión uno tiene que estar dispuesto a desangrarse internamente. Es un ejemplo clarísimo de esto que digo, de lo emocional en el lenguaje.”

Yo nunca traduje a alguien que no me gustara como escritor”

Tiene bien en claro, por otra parte, que ninguna de sus profesiones la definen completamente: “todas me gustan. Yo puedo traducir un día que estoy rayada pero escribir me costaría. Dar clases siempre me encanta y, al estar con otros, eso me puede sacar de un rollo mental que tenga cuando estoy sola tratando de escribir.”

En su propia escritura, impera una lógica similar a la de la traducción: “cuando escribís estás partiendo de algo que irradia tu combinación única de cosas. Tu historia y tus pensamientos te da una mezcla de cosas que te hace escribir desde ahí y eso tiene necesariamente una temperatura.

Su pensamiento y su historia, entonces, la llevaron a publicar este año un libro de cuentos que, según ella misma, hace ya casi cuatro años que lo tenía: Con la espada de mi boca. Son relatos plagados de adolescentes y jóvenes en medio de su iniciación sexual, llenos de profundidad psicológica y en los que el miedo y la inseguridad están en la superficie: Yo quería contar muchas cosas. Cuando encontré el conjunto de los cuentos me di cuenta que quería que hablaran de la sexualidad y de costados de la sexualidad. De lo que no se mira, de lo que tiene que ver con la vergüenza o con las cosas de las que no se hablan.”

De lo que sí se habla desde hace algunos años en Argentina es del lugar de las mujeres en nuestra sociedad y de los conflictos de género. En este sentido es que resulta inevitable preguntar por la influencia de este contexto en la escritura del libro. Si bien Garland no lo considera importante, admite que forma parte de algunos relatos: Hay un cuento donde se hace un escrache por Facebook a un chico que se despierta a la mañana en una carpa con una chica y ninguno de los dos se acuerda de lo que hizo. La chica lo escracha por Facebook a pesar de que no se acuerda lo que pasó. Ese cuento lo escribí como una forma de responderle al contexto y que tiene que ver con prestar atención a lo que se hace en las redes sociales, a la estigmatización y a poner a los varones como enemigos de las mujeres. A mí me parece un movimiento muy peligroso. Creo que tenemos que juntarnos en esta lucha por algo que sea más verdadero. Hay una frase de Tony Hoagland (poeta norteamericano) que me interesa mucho y que dice que hasta que no digamos la verdad no puede haber ternura. A mí no me interesa el otro lado de una moneda del maltrato y la desconfianza; me interesa algún paso más allá y en ese sentido sí el contexto influyó en ese cuento.”

Hombres y mujeres estamos juntos en las hipocresías y en las cosas que no están funcionando”

Pero no sólo las mujeres son protagonistas de los textos. El despertar sexual y los conflictos alrededor de ello son indiferentes al género: “Yo estaba preocupada por lo que hace a la sexualidad en los adolescentes, y me preocupaba mucho los varones. Por eso hay varios cuentos en que los protagonistas son varones víctimas de abuso, que todavía es algo de lo que no se habla. Me interesaba no perder de vista que hombres y mujeres estamos juntos en las hipocresías y en las cosas que no están funcionando.”

Hombres, mujeres. Padres e hijos. Todas las generaciones son responsables y, a su vez, todas han atravesado el despertar sexual. Ésta es una idea que Garland explota en dos cuentos: “Evitar la ocasión, 1978” y “Evitar la ocasión, 2017”. Son dos historias prácticamente similares (dos adolescentes en un encuentro sexual) aunque en épocas distintas: “En el primero los padres no están, se fueron. Y en el segundo el padre está en el cuarto de al lado y hay casi una complicidad. Pero el momento del encuentro sexual es el mismo. Sigue pasando que hay un momento de enorme misterio, que lo podemos rodear en la actualidad de ‘ay, nosotros la tenemos clarísima, los adolescentes ahora reciben muchísima información.’ Es cierto que son bombardeados con imágenes de lo que son las cosas o como tendrían que ser, pero en realidad están frente a un enorme misterio, tanto ahora como en el 78. Con el tiempo cambiaron algunas formas pero hay algo de fondo que sigue igual. Y me interesó poner eso en discusión.”

Ése es el desafío, dice la autora, de un buen libro: la discusión, el diálogo. “Creo que hay libros que son más desafiantes que otros. A mí me interesa mucho cuando escribo esto de preguntarme a mí misma, contestarme y volverme a preguntar. Me interesa mucho que haya una conversación con los lectores. Yo tiro estas preguntas para que alguien las pueda recoger y hacérselas, contestar o no contestar, o bien, hacerse otras preguntas. Lo mejor que puede pasarte cuando leés un libro es que aparezcan preguntas.”

Porque la pregunta, fuente de toda Filosofía, es el martillo que destruye certezas. Es, según Garland, la semilla del arte: “Lo que yo definiría como arte es algo que no te deja igual cuando entrás que cuando salís.

Quizás el arte sea, entonces, una espada. O quizás Inés Garland tenga en su boca una espada filosa, contundente y certera pero sensible, que atraviesa todas sus profesiones y que, como buen artista, nos invita a preguntarnos de qué estará hecha la espada de nuestra boca.

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Una entrevista bellísima!

  2. Profundoooo texto. Es cierto que varones y mujeres estamos juntos en una hipocrecía, generada por la fuerza del discurso hegemónico cultural del patriarcado (muchísimas veces ejercido por una mujer) que le otorga la fuerza al varón y el amor a la mujer. El arte, en todas sus expresiones, descubre esta tensión de poder y la tira al debate, no a la lucha. Celebro la espada de Garland que nos descubre el silencio de la sexualidad adolescente. Gracias

  3. Que buena nota!! Cómo no pude escuchar la entrevista a Garland en Pie de página ésta publicación de J.J. me pareció muy apropiada para entender un poco más.
    Me encantó lo de preguntarse y preguntar. Me encantó lo de la lengua amorosa que recibe y hace sentir como en casa. Me encantó cómo usa la técnica y la expresa como recurso poético. Y es cierto que todos tenemos una espada en la boca, hay que aprender a ver cómo la estamos usando. Gracias por ayudarnos a pensar.

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